Cuando pensamos en el diseño de una página web, lo primero que nos viene a la mente son colores vibrantes, tipografías elegantes y perfectamente combinadas y la disposición armónica de los distintos elementos. Pero tendemos a olvidarnos de un protagonista silencioso que a menudo pasa desapercibido, aunque tiene un impacto brutal en la experiencia de usuario y el rendimiento de la web: el formato de las imágenes.
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